miércoles, 26 de marzo de 2008

Perfecta para mi

La pileta de lavar corazones churretosos y arañados.
La funda negra con bordados en lila.
La caja de guardar tarjetas que digan más de lo que ponen.
la ventana de dos hojas atrancadas por las que pasa luz cuando la dejo.
La maneta negra con doble visagra para entrar y salir, y para salir y entrar.
Las cajas de cartón con rayas blancas y azules como el pijama de aquel niño.
La luna que ahora duerme por aqui y se levanta por allá.
Las manillas plateadas de mi reloj ovoide.
Las mangas cortas del jersey de cuello alto.
Las cuerdas que sostienen sin atar.
Las pinzas de colores que adornan dias nublados.
La risa,
la alegría,
la calma,
la inteligencia,
la emoción,
la seguridad,
la satisfacción,
la vida...




martes, 25 de marzo de 2008

Yo tengo una vaca blanca con manchas

Ayer hablando con Veri comprendí lo que significa síndrome postvacacional.
Siempre me he reído de la gente que lo "padecía" pensando que en realidad es otro invento más para darse de baja o justificar menos rendimiento en el trabajo, pero por primera vez sufro los síntomas característicos del problema.
He estado una semana entera acompañada, casi semana y media si contamos desde el fin de semana de antes (porque vivnieron los ingleses), Veri se vino conmigo hasta el miércoles santo, luego volvimos a Sevilla y estuvimos juntos y en familia todos, y de buenas a primeras vuelvo a este mi hogar sin nadie que me espere, sin nadie a quién contarle mis horas cara a cara, sin nadie a quien poder dar free hugs (a los que soy muy dada), y así estoy... como dice la canción del post anterior "como un cuadro a su pared pegada, que nada tiene que hacer salvo seguir colgada" Yo no lo hubiera dicho mejor...
Ayer hablando con Selificasión por la noche (después de que el día anterior no pegáramos ojo cada una por un motivo distinto pero semejante de fondo) me tomé una tila, y creo que esta noche me haré otra, porque estoy hasta las trancas de infusiones de fruta.Que ya hasta se me sale el aroma por los ojos.
He dicho.




lunes, 24 de marzo de 2008

Me quedé como un cuadro a tu pared pegado.

Hay días en los que la luz de la mañana ahoga la frente de recuerdos y emociones ya vividas.
Hay días en que los pensamientos se unen entre si y forman una soga indestructible incapaz de ser cortada por nada ni nadie.
Hay días que sobrevienen a noches interminables de vueltas y vueltas y más vueltas.
Hay días en los que el corazón no para de bombear y no porque estés viva, sino porque intenta hacértelo saber.
Hay días oscuros eternos.
Hay días de soplos y huracanes, de idas sin retorno, de vueltas sin medida.
Hay días en los que una sonrisa cuesta un mundo que no se valora.
Hay días como el de hoy en los que toda yo menos mi razón desearían dejar de pensar y volverme a la cama hasta el infinito.


viernes, 21 de marzo de 2008

De Madrugá por Sevilla.

Ayer vimos al Gran Poder.
Pero es lo que comentábamos Selificasión y myself justo a los diez minutos de que desapareciera calle arriba: nos defraudó.
Vale que sigue siendo el de siempre, que es inconfundible, que su postura es inigualable y que la cadencia al caminar no tiene parangón. Pero lo preferimos con túnica lisa.
Tanto bordado no le da realismo a sus movimientos. Iba estático, armado, acartonado, parecía hasta más mayor.
El que estaba detrás nuestra empezó a llorar todo lo en silencio que pudo hasta que sorbió el moquillo y dio rienda suelta a su emoción, y Sito se repelucó porque es muy tradicionalista y se trataba del Señor de Sevilla.
Veri se impresionó con el primer saetero. Yo también, tanto que evité en todo momento mirar a los ojos a Seli y a Sito hasta que no pudo ser y acabamos con carcajada contenida (que es de las peores que se pueden vivir) mientras a mi mente sólo acudía la frase "una botellita de agua para ese hombre por Dios".
Volveremos the next year only if God wants Seli.



Esperanza que ríe su pena, morena,
niña de Gracia llena y Reina de la Madrugá.
Pasa la Gracia, pasa la Luz, pasa la Flor
pasa Sevilla,
pasa la Madre de Dios.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Vacaciones

Volver a Sevilla últimamente significa estar con la familia y los amigos (todos). No hablo desde la añoranza, sino con alegría. Me estoy malacostumbrando.
El fin de semana pasado llegaron Little Britain, Veri, Jeidi y Paka a pasar tres días por tierras sureñas y sólo recordarlo me hace sonreir.
Veri sigue con nosotros mientras que los otros (y no pensemos en personas en blanco y negro sentadas en sofás grises) volvieron al clima windy y lluvioso del que procedían y que nos han dejado por aquí para vestir el Jueves Santo de luto, como mandan los cánones.
Hace frío, cosa que no esperábamos. Casi echo de menos los guantes y el calefactor blanco.
Pero mañana es el gran día. Desde banquitos de tela con tres patas y bajo la luz de cualquier farol cobijado de naranjos esperaremos al Abuelo a las puertas de San Lorenzo para verle andar con paso firme hasta donde Él quiera llegar.


jueves, 13 de marzo de 2008

No quisiera ser feliz a causa de ser idiota

El otro día, (hace dos con hoy), salió a la palestra.
Yo no quería. Estaba bien guardadito con el único fin de poder continuar sin más.
Lo de search into myself puede llegar a ser ahora tan peligroso como la apertura de la famosa cajita. (La de Pandora, digo).
No sé si prefiero averiguar qué pasa, o si por el contrario, seguir cubriéndolo con alfombras de damasco de 20 centímetros de altura seguirá beneficiándome como hasta ahora.
Táctica de avestruz, lo sé. Pero si lo pienso friamente, ellas parecen felices (idiotas, pero felices).
Menos mal que otras facetas de mi vida van bien.
Compensemos pues.


sábado, 8 de marzo de 2008

Granada

Luz de faro, siempre encendida como guía del alma.
Se apagó una vez y las rocas arañaron mi armazón.
Sin saber por dónde iba ni como llegar a tierra firme seguí vagando al compás de las olas que me llevaban con voluntad perdida y cadencia magna.
No miraba atrás. Tenía la vista fija, anclada a las profundidades, llena de sal, inmóvil, pétrea. Solo había azul oscuro, casi negro. El resto ni siquiera existía.
Pero con la amanecida no hizo falta más.
La espuma ablandó mis córneas, las pupilas se adaptaron a otros colores más vivos, más intensos y dejé las profundidades para flotar en la superficie, sobreviviendo a la catástrofe del peor de los naufragios.
Ahora soy yo quien cada mañana enciende la luz de mi vida con sonrisas de niños con gorrito, con árboles de hojas verde brillante, con brisas que enrojecen a los más tímidos y ancianos cogidos de la mano. Con risas y llantos compartidos y con momentos incesantes e inexplicables.